«Cuídate», lo que todos me dicen, cuando me despido a la media noche. A veces suena como un reto; otras, como una amenaza.
Tengo derecho a caminar segura por la calle y eso no depende de mis características físicas, sino de compromisos sociales.
Empleo continuamente, de forma normalizada y naturalizada, consciente o inconsciente, mecanismos de protección frente a este miedo preprogramado.
