Vi a la muerte a los ojos, vi como se llevaba aquel niño que solía correr por el parque, al hijo de aquella mujer que durante años intentó ser madre, al hombre que hace unos momentos asalto con violencia a la anciana, vi como se llevó aquel abuelo cariñoso y a aquel padre golpeador.
Pero nunca nadie me ha preguntado ¿como me acostumbre a ver morir a tanta gente y no sentir nada?
La verdad es que uno no se acostumbra, simplemente decidí ser fuerte cuando tu lo necesitas, decidí no dormir para que tu descanses, cambie mi salud por la tuya.
No elegí una profesión fácil, me entrenan día con día para ser fuerte e insensible, a no llorar por la muerte ni sentirme feliz por un nacimiento, solo agradecer al sentir el confort de un paciente al decir gracias.
Sobrevivir 7 días en turnos de 36×12, descanso solo un par de horas al día, debo atender al herido y al agresor, no debo expresar frustración, dolor o alguna gesticulacion frente a los familiares.
¿Sabes? Tampoco debo demostrar cansancio, por que tal vez tu lo puedes malinterpretar, estaré para ti y tu enfermo, pero sin establecer un lazo emocional.
Es curioso como debes querer tanto a tu paciente sin que te importe, a ser mejor humano por que tienes una vida en tus manos.
Y no dejas de ser fría y cruel para las personas que miran alrededor.
Perdón si algún día no te trate con más tiempo, con más sonrisas o simplemente no pude contestarte, pero necesitaba respirar para seguir aunque todo indique parecer que ya no hay más que hacer.
Soy enfermera de esas «amargadas » que corren de un lado a otro para salvar tu vida, de esas que no se despegan de ti con tal de que salgas de este episodio y sepas que alguien hizo algo por tu salud.
